jueves, 24 de abril de 2008

La derecha fascista quiere leyes e instituciones para robar


23 de abril de 2008

La jauría derechista maldice cuanto hace el pueblo organizado para defender el patrimonio petrolero, eléctrico, cultural, de justicia, libertades, salario, comida, salud y familia, y con micrófonos que llegan lejos anatemiza, promueve violencia y terrorismo contra las virtuosas "adelitas" y brigadistas de la resistencia contra los acuerdos privatizadores y el despojo de nuestra riqueza.

De su cuenta reclaman castigo, represión, prisión, fusilamiento contra cada manifestante, cada legislador, cada intelectual, porque perturbamos el orden que ellos necesitan para adueñarse de la patria y venderla al extranjero, que finalmente es lo que Felipe Calderón en su calidad de presidente espurio, mandil de patrones, empresarios, banqueros, inversionistas y toda clase de escoria vende patrias.

Llaman secuestro del congreso al acto promovido por los legisladores del Frente Amplio Progresista orientado por Andrés Manuel López Obrador, mandadero del pueblo inconforme y se les desborda la ira nazi fascista, justo porque su fraude electoral no les ha funcionado para secuestrar ni al poder legislativo ni el brío patriota del pueblo. Quieren Congreso a su medida y tesitura del gobierno ilegítimo.

No descansan, no se llenan. Llegan a la locura de pedir violencia y sangre porque son capaces de torrentes que no entienden el peligro de perderlo todo en ellos. Toman la iniciativa para provocar y violentar a los hambrientos, los desposeídos y los indignados por la pobreza, el desempleo, el salario que no alcanza para alimentar a los hijos. Juegan peligrosamente con lumbre que una vez empezada nunca han sabido apagar.

Ignoran los patrones los escenarios de chispazos cuando no hallan donde meterse con sus familias, sus aduladores, sus soldados y cuerpos represivos, precisamente el elemento de los parias y muertos de hambre, que hoy, gracias a intermediarios útiles, como Andrés Manuel y sus seguidores han retrasado los estallidos, por su izquierdismo parlamentario, de casimir y corbata, de modales escolares pulidos de urbanidad burguesa, perfumada, acostumbrada al pago de la nómina, al negocito que permite pasarla sin mucho sol ni tanto frío, ni hambres ni carencias que son el virus de la rabia con que se asustan y lloran los señores y señoras del dinero.

Los perros del micrófono en su trabajo sucio quieren poder legislativo para sus leyes privatizadoras y su libertad para robar, seguir con salarios de hambre, patrocinar obras de caridad con el dinero del pueblo para basílicas de santos asesinos, canonizados por Satanás encarnado en Papa; igual maldicen el triunfo de Alejandro Encinas porque necesitan a Nueva Izquierda y sus chuchos en el Congreso y frente a la izquierda mexicana entendida y al servicio de la derecha y del gran capital.

No entienden el punto de nuestro proceso histórico y se empeñan en incendios ante una nación dividida y vuelta combustible inflamable; odian a López Obrador que hasta la fecha es un mediador que empieza a verse raro y repugnante cuando con sus allegados promueve un pacifismo contrario al hambre y la desesperación de los hambrientos. Este carro de la historia se encamina rumbo de la izquierda hasta por inercia. Indica todo que la dialéctica viene implícita en el tiempo que los mayas calcularon en su calendarios y llamaron cambios solares. Estamos ya por empezar la era del Sexto Sol y parece que los nuestros visualizaron estos escenarios del triunfo de las izquierdas. ¡Hay que ver rumbo al sur del continente!

Ramiro Díaz Valadez

Cortesía El Occidental

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