Mostrando entradas con la etiqueta información. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta información. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Aprendan de la Historia!!!!!!


Hefestión Amintoros (nacido ca. 356 a. C. - muerto en otoño de 324 a. C.), hijo de Amíntor (Macedonio), aristócrata macedonio fue el hombre de confianza de Alejandro en las tareas de gobierno y en la guerra. Nació en una fecha desconocida, pero las fuentes le atribuyen la misma edad de Alejandro, o quizá un poco mayor. De lo que no hay certeza es de cuando se conocieron. Sin embargo, es posible que Hefestión compartiera educación con Alejandro en el pueblo de Mieza, con Aristóteles como profesor, al igual que otros chicos nobles. Se sabe que el filósofo le dedicó un volumen de cartas, así que debieron de conocerse.

Hefestión acompañó a Alejandro en su campaña asiática desde el principio, luchando en la unidad de caballería. Al pasar por la ciudad de Troya, Alejandro honró la sagrada tumba del héroe Aquiles, y Hefestión la del amante de aquél, Patroclo, asumiendo ante todo el ejército la naturaleza de la relación que compartían. Tras la batalla de Issos, Alejandro y Hefestión fueron a inspeccionar el botín ganado, que incluía al harén real. Uno de los episodios mejor conocidos de la vida de Hefestión tuvo lugar cuando ambos conocieron a Estatira y Sisigambis, respectivamente la mujer embarazada de Darío III Codomano y la madre de éste. Mirando a ambos hombres, la reina madre mostró sus respetos postrándose ante Hefestión, quien era el más alto y bello, y según la lógica persa, el más impresionante de los dos debía ser el rey. Comprendiendo por los gestos que el séquito le hacía que se había equivocado, comenzó otra prosternación ante Alejandro; éste, levantándola, la corrigió diciendo: "No te preocupes, madre, no has cometido ningún error. Hefestión es como yo mismo". (ver ilustración)

Hefestión no estaba especialmente dotado como comandante en el campo de batalla, pero destacaba en su conocimiento de la logística. Cuando Alejandro requería el caudillaje de Hefestión en la batalla, éste normalmente llevaba a otro general consigo, y a veces al mismo Alejandro, para asegurarse de que no se cometieran errores, pero sus dotes como estratega compensaban con mucho sus dificultades en el campo de batalla.

Antes de la invasión de la India y el cruce del Hindu Kush, en el actual Afganistán, Alejandro lo nombró ministro, reconociéndolo como segundo en el mando. Durante la campaña india, Hefestión volvió a asumir responsabilidades militares en la vanguardia, puenteando ríos y encabezando un escuadrón en la Batalla de Yelum.


De regreso en Susa, capital del Imperio Persa, Alejandro desposó a Estatira, la hija mayor de Darío, y dio a Hefestión por esposa a la joven princesa Dripetis hermana menor de su esposa real, de este modo llegaron a ser cuñados.

En el otoño de 324 a. C., el ejército de Alejandro se asentó en la ciudad de Ecbatana para pasar el invierno. Hefestión enfermó durante los juegos que se celebraron por parte de la corte y murió una semana después. Los síntomas descritos son compatibles con la fiebre tifoidea, pero nunca se excluyó la posibilidad de envenenamiento. Como favorito de Alejandro e íntimo amigo, debió de tener muchos enemigos políticos. Fuera cual fuera la causa de la muerte de Hefestión, se dice que Alejandro se volvió loco de dolor, haciéndose afeitar la cabeza, y las crines de los caballos del ejército, cancelando todos los festejos y, cuenta la leyenda, crucificando a Glaucias, el médico que lo había atendido. Partió inmediatamente para Babilonia con el cadáver, donde celebró fabulosos juegos funerales en su recuerdo. El Oráculo de Siwa ante la pregunta de Alejandro de como tenía que ser venerado Hefestión respondió que debería ser adorado como un héroe divino. Algunos meses después, aún se estaba construyendo un espléndido monumento funerario en honor de Hefestión cuando el propio Alejandro murió.

Una práctica sexual era popular en sociedades militares como Esparta, la Antigua Tebas y Macedonia. Los soldados — incluyendo a Pausanias, el amante y posterior asesino de Filipo, o a Alejandro en su aparente fascinación erótica con Hefestión — tendrían ocasionales relaciones carnales con hombres, generalmente más jóvenes y de inferior condición económica o social. Se dice que los reyes espartanos frecuentemente tenían jovencitos favoritos, y entre los guerreros vitalicios, el sexo puede haber sido una forma de desarrollar la solidaridad entre combatientes.

lunes, 15 de septiembre de 2008

La gavilla de Padilla

Carlos Briseño Torres, rector impugnado, lo calificó como "el Día D". Lo visualizó correctamente. El viernes pasado fue su día definitorio. Fue su desembarco a Normandía. Aquella batalla fue larga y cruenta. Ésta, la de la UdeG, no ha sido cruenta hasta el momento, pero larga sí ha sido. Aunque ya se empiezan a perfilar las posibles salidas del conflicto, porque ya se echó toda la carne al asador por las dos partes.

Los opositores a Briseño tiraron al tapete su carta más pesada, que fue deponerlo. Lo destituyeron en una agitada sesión que había sido pospuesta y prorrogada muchas veces. Se reunieron y desenvainaron la espada contra su odiado Rector. Ahora tenemos dos para escoger. Esta dualidad no va a durar mucho, no puede prolongarse. La autoridad competente, como juez parejero, dirá cuál es el Rector que se va a quedar en el sitial disputado... y se acabó el corrido. O se tendría que acabar, dice el sentido común.

No sólo era previsible esta destitución, sino que hasta había sido anunciada. Desde que iniciaron sus dimes y diretes, los padillistas le mandaron decir a Briseño, a voz en cuello para que todo mundo se enterara, que no se mandaba solo, que el CGU estaba por encima de él y que podrían mandarlo a freír espárragos a la hora que les diera la gana. Por eso estuvo él dándole largas a la junta. Afilaron los machetes. Se preveía que saldrían chispas cuando se juntaran. Y salieron. Se le lanzaron a la yugular. Lo suplieron con Marco Antonio Cortés Guardado, sub-Rector del Centro de Ciencias Sociales.

La tentación de comparar la pugna presente con la que hace 19 años puso a los gavilleros de Padilla en el control universitario es muy poderosa. Se asemejan como dos gotas de agua. Pareciera como si se estuviera corriendo el mismo video de entonces, sólo que con los actores cambiados y, en algunos casos, invertidos. Ya habrá calma para establecer las analogías y sus diferencias de fondo. Por hoy, sólo he de referirme a una muy notoria que tiene que ver con la conducta de los amotinados, o sea "los golpistas", como atinadamente los calificó otra vez Briseño, su cabeza de negro.

En aquel pleito, Raúl Padilla encabezó un grupo y la FEG, o los fieles de Horacio García Pérez, el otro. El equipo de Horacio cuidó mucho todas las formas. Pero fue hecho papilla de todas maneras. Los horacianos buscaban ganar la partida de manera civilizada. Jugaron limpio y se quedaron ídem. Incluso lograron involucrar en su lucha a amplios sectores de la población. Esto fue posible porque aún había vínculos de base social entre la FEG y las colonias populares, y porque entre los gremios de la universidad estaba actuante aún el viejo corporativismo. Pero ni con el apoyo social ni con el cuidado de las formas, pudieron contrarrestar la decisión vertical de los del poder de imponer al grupo de Padilla en la Rectoría y convertir a la universidad en lo que ahora es: un ente neoliberal, atomizado y en los umbrales del mercantilismo procaz.

Los padillos de entonces violentaron todas las formas, pisotearon a placer lo estatuido, se impusieron a capricho. Hasta les inventaron cargos artificiales a los de la FEG, cuando el famoso concierto de Bon Jovi en el Tecnológico, y "entambaron" a ocho muchachos. Estos fueron presos de conciencia -presos políticos, pues- un cargo de los muchos por los que tiene que responder esta gavilla ahora en capilla. Si metieron al bote a unos opositores inventándoles cargos, fue porque tenían a los del poder de su parte. Esto está claro. Y lo han tenido todos estos 19 años transcurridos. Raúl, el cabecilla de la banda, habla ahora de sus grandes logros: la FIL, la muestra de cine, sus teatros, Diana y Telmex... Puros éxitos, puras estrellitas en la frente. Pero en la agitada sesión del viernes, antes de que les abortara la sesión del consejo general, Briseño les espetó a la cara tres puntos duros de los que los padillistas no quisieran que se dijera nada.

El primero, muy grave, se refiere a la herencia que iba a recibir el Hospital Civil de los dueños de la Pepsi. Se trata de una fortuna de 800 millones de dólares. Los volvieron humo. Leobardo Alcalá Padilla, primo hermano de Raúl, es actor central del desfalco. Está embijado hasta las greñas. La sangre les subió al rostro. El segundo tema fue el de los escandalosos cobros en las operaciones de trasplantes, también del Hospital Civil. Puede deducirse con buena lógica que si tienen manchadas las manos en el rubro de trasplantes, pudieran encontrarse irregularidades semejantes o hasta peores en otras áreas. Por eso, destapar la cloaca del Hospital Civil es una tarea que urge.

El tercer anuncio terminó de colmarles la ira. Que dará a conocer los resultados de unas auditorías externas, realizadas por un despacho gringo. Parece ser, según lo adelantó el Rector ahora impugnado, que esas cuentas son comprometedoras y que por tal razón las han mantenido a buen recaudo, lejos de las indiscretas miradas de analistas y críticos. De los trasplantes y de la herencia hemos escarbado mucho los interesados, yo entre ellos. Pero esto de las auditorías escondidas es veta nueva. Si Briseño abrió la boca, nos colgaremos de sus palabras hasta saber de qué maldades escondidas se trata. La sola amenaza de Briseño terminó por enardecer a los sedicentes consejeros. Por eso lo tumbaron del macho. Perdieron la compostura. Pero se metieron a un callejón sin salida.

De que no las traen todas consigo, lo saben bien. La gavilla de Padilla vive ahora incertidumbre, porque ya no tiene señales claras de impunidad desde el poder. Todo apunta a que quienes traen ahora esta protección son los briseñistas. Entonces, los actos de fuerza y las absurdas imposiciones, con que medró a placer en el pasado el padillaje, llegaron a su fin. Briseño anunció con claridad un cierre del conflicto en estos términos: "Concluye la era de Padilla", dijo. Nada más. No llega por fin la ansiada restauración de esta sufrida universidad. La semana entrante regresará él a su sitial como Rector General. Tras ello, vendrá la necesaria purga de padillistas indeseables. Así ha sido siempre. Así será ahora. Pero la restauración de fondo de la universidad, o la hacemos todos los universitarios o no será. Por lo pronto, no se ven indicios de una participación masiva que inaugure la instauración de este proceso. Al tiempo.

Juan M. Negrete

martes, 9 de septiembre de 2008

La UdG


Raúl Padilla López


¿Cómo negar la contribución que hizo Raúl a la calidad académica de la Universidad de Guadalajara?. Me parece que no es esa la cuestión de fondo. Tampoco me parece que el punto central está en "pintar un raya" y ver quiénes son "padillistas" y quienes "briseñistas". De ser así, de la noche a la mañana la Universidad quedaría dividida igual que en el muro de Berlín con amigos, familias y colaboradores, separando artificialmente un grupo entrañablemente unido. En un momento la Universidad en su totalidad fue padillista; si no, ¿cómo hubieran prosperado los proyectos que nacieron, crecieron y han alcanzado plenitud bajo la égida de Raúl?.

Más bien me parece que el punto focal está en ver el gradiente completo. La Universidad de Guadalajara es mucho más que proyectos de "cultura". El Centro Universitario de la Costa tiene las peores aulas en donde yo me he parado a dar clases ante grupo. Los equipos de apoyo didáctico son insuficientes, viejos y obsoletos. Los administrativos están posesionados de los mejores espacios de trabajo y los investigadores estamos en lugares deprimentes, vigilados como delincuentes y hostigados para ver si cumplimos con un horario; hay programas de materias que no se han actualizado en 20 años.

Más aún, hoy por hoy, en la Universidad se toman decisiones que afectan la vida académica de cientos y miles de alumnos desde un escritorio por un sólo individuo, sin considerar la opinión de profesores ni mucho menos investigadores, apenas con la autoridad de quien tiene la llave de acceso al "sistema".

Y qué decir de la elección de los máximos representantes, los rectores de los Centros. Pues ésta se decide por simpatías y lealtad, para formar cuadros defensivos para hacer frente a grupos antagónicos. De ahí hacia abajo va la cascada de decisiones a imagen y semejanza de la cabeza de cada Centro.

Éste y otros estilos de gobierno y administración en la Universidad indudablemente repercuten en la calidad terminal. Nosotros somos la Universidad de Guadalajara. Como tal, tres son los productos finales que emergen de nuestro trabajo. Profesionistas, técnicos y humanistas en diversos campos; conocimientos genuinos en diversas área de las ciencias, artes y humanidades; acciones específicas de apoyo a procesos sociales, bellas artes y deporte.

Bueno, he aquí entonces que vale la pena hacer un alto en esta carrera de evolución universitaria para saber en dónde estamos, hacia donde vamos, cómo podemos ser mejores. No deben espantarnos los cambios pues todo proceso por definición, es perfectible. Pero las innovaciones se deben dar no por una propuesta al vapor firmada por trece rectores, sino a través de una amplia, diversa e incluyente participación de los universitarios.

Ahora no me siento representado por ningún rector, ni consejero y tampoco por representantes sindicales, pues nadie me ha preguntado aún qué pienso de la descentralización o de tal o cual asunto que se está ventilando. Igual piensan otros investigadores reconocidos. La estrategia de auto investirse de una representación que solamente está en un papel pero no en la realidad de cada Centro Universitario, es hoy por hoy, un desacierto de quienes impugnan al rector general. El pensamiento complejo de la Universidad de Guadalajara de ninguna manera lo pueden tipificar trece rectores que dicho sea de paso, da la impresión que más que ver por el futuro de la Institución, están preocupados por salvar su cabeza.

Rafael Guzmán Mejía
Investigador Nacional
Profesor - Investigador titular "C"
rguzmn@mac.com